27 DE DICIEMBRE DE 2026

Solo pensaba en llegar. Las palabras de mi madre me azuzaban a ir más rápido –No te detengas. No hables con nadie. Huye de los hombres−. Sabía del peligro. Había visto a rapazas, poco más grandes que yo, llorar desconsoladas. Niñas y ropas rasgadas para siempre. Corría con la obsesión de cruzar el portón del colegio. Corría para sentirme a salvo, para alcanzar aquel efímero paraíso.
Ahora me gustan las carreras pedestres. Me complace correr por la satisfacción de llegar a la meta. Correr sin ningún apremio vital, solo para confirmarme que puedo hacerlo. Correr, sin más, como haría la lejana niña que fui.