Solo pensaba en llegar. Las palabras de mi madre me azuzaban a ir más rápido –No te detengas. No hables con nadie. Huye de los hombres−. SabÃa del peligro. HabÃa visto a rapazas, poco más grandes que yo, llorar desconsoladas. Niñas y ropas rasgadas para siempre. CorrÃa con la obsesión de cruzar el portón del colegio. CorrÃa para sentirme a salvo, para alcanzar aquel efÃmero paraÃso.
Ahora me gustan las carreras pedestres. Me complace correr por la satisfacción de llegar a la meta. Correr sin ningún apremio vital, solo para confirmarme que puedo hacerlo. Correr, sin más, como harÃa la lejana niña que fui.