Hace frío fuera, hoy ha costado salir de la cama, quizás he remoloneado más que de costumbre entre las sábanas, quizás consciente, quizás aposta. Avanzo torpe hasta la cocina para prepararme algo caliente, bebo con calma tensa mientras ojeo el periódico de soslayo, como el que teme ver una noticia que ya espera pero que no desea. Dejo el vaso y las migajas en la mesa.
Dudo y pienso, desciendo en ascensor hasta el portal, entonces comienzo a aplaudir. Está pasando mi querida San Silvestre Salmantina, la que tanto he corrido, la que tanto quiero.
La que este año he tenido que abandonar a la fuerza de lesiones, a la que el próximo año volveré a retar.