Los tacos de la calle 4 crujen ligeramente cuando Malika, tras la orden de “a sus marcasâ€, coloca los pies con decisión. “Listosâ€, resuena la voz del juez de partida. Pequeñas gotas de sudor comienzan a asomarse con timidez en las frentes de las corredoras, pero no en la de Malika. Ella está acostumbrada a correr bajo un sol abrasador para huir de etnias enemigas, de mafias explotadoras, de alambradas asesinas; de muerte y dolor. Malika aprieta los labios. El mundo enmudece hasta que el pistoletazo la arranca del suelo. Vuela con la ligereza de una pluma. Avanza con la potencia de un acorazado. Ahora no huye. Ahora es ella la perseguidora. SÃ, persigue la nueva vida que la aguarda detrás de la lÃnea de meta.