27 DE DICIEMBRE DE 2026

Que el mundo nos pertenecía y nada nos podía parar. Que nunca nos pareceríamos a nuestros padres. Que la filosofía era una bobada. Que juntos abriríamos un bar. Que eso de correr no era para nosotros. Llegó la universidad y nos perdimos la pista. Tiempo para que cada uno llenase su mochila. Años que entre todos pintamos de ausencia. Pero las redes sociales hacen maravillas. Tres décadas después, aquí estamos los cuatro. En víspera de año nuevo y, según marca mi cronómetro, con un buen ritmo de carrera cuando pasamos junto a la Casa de las Conchas. Los recuerdos se agolpan en mi mente, como si cada pisada hiciera saltar una diapositiva. Me limpio el sudor de la frente y sonrío. Lo cierto es que nos equivocábamos en todo. O casi. Miro de reojo a mis viejos amigos y siento que nada nos puede parar.