27 DE DICIEMBRE DE 2026

Los ve a todos desiguales, únicos, ejemplo de la riqueza que hay en la diversidad; sin distinción de sexo, raza, condición social. Caras alegres, ansiosas, emocionadas: todas con deseo de participar y ganar –o perder, no les importa— esa carrera de 1070 m.
Siente que todos son sus hijos, como también lo son los que masacra a diario el sionismo en Palestina ocupada. Entendió hace mucho que quien tiene un hijo sabe que toda niña y niño son sus hijos, todos hermosos, fulgurantes, hasta que el mundo del adulto los va prejuiciando, uniformando mentalmente.
Cuando los mira esperanzados en esa línea de salida en Salamanca, comprende las razones del carpintero aquel de Galilea que ordenaba que los dejaran acercársele, ya que ver tantos rostros vivaces es como asomarse al reino de los Cielos. Ahora, con los ojos ahítos y húmedos, el viejo puede dormir… eternamente.