Un año más, el extenso y colorido ciempiés avanza por las sinuosas calles de la ciudad disfrutando del buen ambiente. Acompasado con el sonido de las pisadas, que fluye entre los edificios como un torrente de vitalidad, se escucha el sincero y constante jadeo de los corredores. En ese momento nada les importa; ni la tristeza, ni las injusticias, ni los problemas, ni el dolor. La deportividad es lo único que brilla en los ojos de cada uno, y todo, gracias a la energÃa generada en cada zancada, cada aliento y cada gota de sudor. Con el paso de las horas, los colores se desvanecen y las calles se enmudecen; sin embargo, no es el fin, pues el próximo año, el apreciado ciempiés volverá a mostrar sus resplandecientes colores gracias a los nuevos participantes que buscarán dejar huella en la San Silvestre Salmantina.