27 DE DICIEMBRE DE 2026

Correr con mi hijo ha sido siempre un placer, así como ver cómo batíamos nuestros récords cada año. Cuando era pequeño yo aflojaba el paso, pero nunca me dejaba ganar. No se trataba de competir, pero tampoco de engañarle.
Con el paso de los años, mientras yo abandonaba la madurez, dejémoslo así, mi hijo sustituía la adolescencia por una espléndida juventud. Estaba a punto de entregarle el testigo, cuando en la San Silvestre Salmantina del año pasado se dejó perder. Yo me di cuenta, y de alguna manera me alegré, porque en esta vida no todo es ganar.