Desde el balcón observo a la multitud avanzar, la mayoría corren, otros trotan y algunos caminan. Anhelo tener esa motivación para integrarme pero mi mente es muy pesada y mi cuerpo sufre cada vez más.

Una lagrima pequeña cae por mi mejilla mientras veo como las personas disfrutan de su carrera.

—¿Ya le cambiaste el pañal a tu abuelo? —interrumpe la voz de mi madre desde la penumbra de su cama.

—Aún no, ya voy —respondo en voz baja.

Mientras cierro el ventanal, contemplo por última vez la meta lejana y regreso a la marcha infinita que me consume día a día.

27 DE DICIEMBRE DE 2026