Primero gateó bajo la atenta mirada de su madre, siempre lista para recogerla en cada caÃda. También fue ella quien le enseñó a caminar, con un pie delante del otro, hasta que llegó el momento de correr. AsÃ, le mostró que no solo se trataba de velocidad, sino también de constancia y fortaleza.
Años después, su pasión la llevó a la San Silvestre Salmantina, donde el frÃo de diciembre y el bullicio de la Plaza Mayor no pudieron detenerla. En cada una de sus zancadas resonaba el eco de las enseñanzas de su madre: «Â¡Un último esfuerzo MarÃa, ya lo tienes!».
Finalmente, con el pulso acelerado y la frente bañada en sudor, cruzó la meta. Entre la multitud, su mirada solo pudo encontrar la sonrisa orgullosa de su madre, quien la habÃa acompañado desde el primer paso hasta el último metro en Salamanca.