27 DE DICIEMBRE DE 2026

Aquella noche , fría y helada de invierno, veía pasar la San Silvestre Salmantina desde mi ventana, y recordé por qué estaba allí. Un año antes, mi ilusión animada con mi nombre en tu aliento madre, estaba cerca de llegar a la meta cuando repentinamente un hombre irrumpió entre la niebla; era extraño, iba disfrazado, no llevaba dorsal, miraba continuamente hacia atrás y con sus manos tapaba sus bolsillos. Escuché a mis espaldas: «Al ladrón, al ladrón», así que me arme de valor, me coloqué a su altura, miré con tristeza la meta y le hice tropezar. Ambos caímos. El asfalto se tiño de brillo turquesa, reflejos dorados y plateados. Las cadenas, sortijas y relojes enmudecieron. Mi madre murmuró: «Has hecho lo correcto».
Finalmente, los vítores y aplausos no fueron para el ganador. Recogí el premio y miré tu estrella, madre.