Gilberto recorrió la ruta como de costumbre. A su edad, caminar diez kilómetros un par de veces a la semana era más que saludable. HabÃa participado en la San Silvestre Salmantina durante más de treinta años, siempre con gran entusiasmo. ¡Vaya hazaña! Sin embargo, la vejez pasa factura, y confundir un cinco con un seis a través de sus anteojos lo desfasó del horario oficial.
Cuando su nieto lo vio regresar en el Barrio de Pizarrales, le reprochó entusiasmado:
—¡Abuelo, te has adelantado!
Gilberto sonrió amorosamente. «Salà a tiempo. Salamanca siempre espera que corras por ella. En unos momentos lo verás.â€