Decidió apuntarse a la carrera por petición de una amiga suya. Estaba emocionada; no es que esperase ganar, pero le hacía ilusión participar en algo así.
Tras un rato corriendo, tuvo que desviarse un poco del camino, la vejiga le estaba jugando una mala pasada. Para cuando quiso volver, se tropezó y cayó al suelo, desorientándose. Tras caminar un poco sin saber hacia dónde, vio una masa de gente y pensó que era la carrera. Pero no estaban corriendo. En realidad, ni siquiera andaban, más bien parecía que flotaban. Al acercarse, notó que la temperatura bajaba drásticamente, y sintió que se le escapaba el aire de los pulmones.
Escondida detrás de un árbol vio marchar la macabra procesión, silenciosa y espectral, rumbo al noroeste donde descansar eternamente.