Me siento en calma, abstraÃda por algo que no sabrÃa definir, solo diviso de forma rápida y fugaz la majestuosidad de una gran ciudad.
Veo mis propios pies bien ataviados, percibo una fuerza interior que me domina, ganando cada segundo más vitalidad y presiento que va a ocurrir algo grande.
Aparece ante mà El Paseo de San Antonio susurrándome que me apremie, Canalejas me ovaciona y continúo, sin dar ni un solo paso, recorriendo avenidas y calles. Me atrae la Plaza Mayor reteniéndome para mostrarme su belleza y siento que me empuja hasta el Puente Romano donde el RÃo Tormes espera paciente para atemperarme y me ayuda a convertirme en soplo para poder concluir.
He terminado y lejos de sentirme vacÃa, me encuentro inmensamente llena. Complacida por la oportunidad brindada, reconfortada por la “vivencia†y confundida por la vuelta a la calma, suena el despertador.
¿Podré volver a soñarla?