Vaciló unos instantes mientras se miraba frente al espejo. Toda su vida pasó ante sus ojos como una visión centelleante. Ésta era su primera carrera y deseaba que el triunfo fuera su meta. Se habÃa preparado durante meses sólo para ese momento. Y al fin habÃa llegado. Su pantalón, remera y zapatillas aguardaban para estrenar. Lo guiaba la victoria, el sacrificio de los interminables entrenamientos, el sobreponerse al cansancio al finalizar cada dÃa de arduos ejercicios, pero por sobre todo, el ferviente deseo de cumplir una promesa, hecha con el corazón a quién lo anhelaba tanto o más que él… a su madre; a ella que siempre lo acompañaba en cada esfuerzo, en cada lágrima que corrÃa por su mejilla cuando se sentÃa abatido, en cada abrazo que le daba el empuje necesario para no desfallecer. A ella que permanecÃa a su lado, más allá del tiempo y la distancia.