27 DE DICIEMBRE DE 2026

A sus 72, afrontaba ilusionado una nueva San Silvestre salmantina, esta vez junto a su nieto, no tan entusiasmado.
Comenzó tranquilo, pero pronto empezó a sentirse más fuerte y decidió apretar un poco. Se encontraba extrañamente pletórico. Miró el reloj y le sorprendió observar unos brazos que parecían más fuertes y unas manos libres de venas hinchadas. Se sentía rejuvenecer. Notaba holgada la camiseta y tuvo que apretarse el cordón del pantaloncillo para no perderlo. Su nueva agilidad lo libró de ir al suelo tras tropezar con sus propias zapatillas, de repente enormes. Se las quitó y siguió avanzando con pasos cada vez más cortos, como sus piernas. Reconoció entonces, jubiloso, la camiseta de su nieto, pero al alcanzarlo encontró sus ojos en un cansado anciano que le dijo: abuelo, dame la manita para llegar a meta, anda. Y tanto que la Sansil te cambia la perspectiva, tenías razón.