27 DE DICIEMBRE DE 2026

—Mamá, ¿dónde está mi disfraz de Papá Noel?
—Lo tiene tu hermana. Tú ponte el de reno.
—Muy apropiado a mis 47 años…
Así acabé corriendo la San Silvestre Salmantina con una cornamenta de plástico que rebotaba cada vez que pisaba los adoquines de la Plaza Mayor.
Kilómetro cinco: la cornamenta se tuerce. Parezco un reno borracho.
Kilómetro siete, Puente Romano: un niño grita: «¡Mira, Rudolph!». Intento sonreír dignamente mientras me adelanta una señora de setenta años disfrazada de uva.
Kilómetro nueve: la cornamenta se cae. Un corredor me la devuelve: «¡Ánimo, campeón!».
Cruzo la meta con las astas en la mano, jadeando. Mi mujer me fotografía muerta de risa.
Al final no va de ganar. Va de llegar, de reírte de ti mismo y sentirte vivo en la última carrera del año.
Aunque el año que viene traigo mi propio disfraz.