El primer kilómetro, con la emoción, los empujones y el manejo del pulsómetro que me compré en el Black Friday, ni soy consciente de haberlo corrido. El segundo es cuesta abajo. El tercero, de puente a puente y corro porque me lleva la corriente. En el cuarto adelanto a mi vecino que está federado. En el quinto está el avituallamiento. En el sexto puedo ver el balcón de mi casa. En el séptimo me espera aplaudiendo mi hijo. En el octavo me ayudan todos los Santos porque vuelve a ser cuesta abajo. El noveno dicen que te lo da la carrera. Y el último es para disfrutarlo. Y de postre una naranja…