El amarillo fluorescente de los cordones iluminaban el asfalto, el corredor casi parecÃa no tocar el suelo, cada zancada era como una ligera caricia. Un año llevaban las zapatillas guardadas en el armario, esperando la recompensa a su paciencia, a su optimismo, todos esos dÃas de encierro, de calles solitarias, de silencio aterrador. La San Silvestre Salmantina este año era la mejor carrera de su vida, sin pretensiones, con el viento acariciando su cara, las voces de la gente en el trayecto le parecÃa la mejor de las melodÃas. Esa sensación de sentirse libre, agradecido de estar allà y en el recuerdo los que ya no estarÃan.