Si no lo saca, el dóberman se le tiraría encima. Lo deja salir para que espere a la puerta pero se le escapa. Gana la calle en un santiamén. Él, en pijama, echa a correr. El chucho tropieza con un hormiguero de atletas. Con pericia, se desenreda del mar de piernas. Le dejan paso. El hombre galopa desbocado por el mismo itinerario. La batida es implacable. El perro rasga el aire, quema el asfalto y alcanza a los que están a punto de cruzar la meta. Los deja atrás y llega antes. Dos competidores atraviesan después la línea. Un rato más tarde, el perseguidor maltrecho, hace su entrada en cuarta posición. Los fotógrafos armados de flash eternizan el momento. En la portada de la prensa local aparece la foto de Pánfilo: el cánido, subclase doméstica, que ha conseguido este año el triunfo en la carrera anual de mil metros.