27 DE DICIEMBRE DE 2026

Mi pequeña hermana me miró a los ojos y con firmeza me dijo:
─Corramos.
Apenas teníamos puestas unas viejas zapatillas gastadas. No estábamos preparados, no habíamos entrenado, pero nada nos importó. Corrimos sin parar, sin mirar atrás.
Mientras tomábamos velocidad y el viento nos secaba las lágrimas, agitados y casi sin aire hacíamos un gran esfuerzo por no claudicar.
Aquel día fue el miedo el que nos impulsó a correr. De ese modo, mi hermana y yo escapamos de aquella casa que nunca fue un hogar. Nuestra meta, fue en ese entonces, encontrar la paz.
Ahora, 20 años después, estoy parada sobre la línea de salida en la San Silvestre Salmantina, nuevamente, me acompaña mi hermana. No hay miedo, ni lágrimas. Reímos triunfantes, sabemos que la meta está alcanzada.