Llevan tanto tiempo juntos, que con solo mirarse saben lo que piensa el otro. Y ahora, cerca del final, llega el momento de separarse.
Dos corazones latiendo con la misma frecuencia.
Un mismo camino y dos vidas.
Apenas unos segundos. El espacio se deforma y se dilata irremediablemente.
Los adoquines vuelan como gaviotas a favor de la brisa sobre el mar azul. La multitud los ovaciona mientras sus rostros se fusionan en su congestionado cerebro.
El número que lo antecede se empequeñece, sus zancadas se agrandan y se aceleran. Como cada año.
Desde lejos ve como victoriosa levanta los brazos y vuelve su bello rostro para esperarlo un año más con la sonrisa en los labios. Luego se fusionan en un abrazo y un beso sella el final de la carrera.
Mientras recupera el resuello se jura que el año que viene, por fin, logrará llegar primero.