27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada diciembre, con solemnidad y agujetas, juraba no regresar a la San Silvestre. Pero el pícaro destino quiso verle ese año vestido de molino de viento, fruto de una apuesta insensata.
La carrera avanzaba festiva cuando una firme voz cortó el aire:
—¡Detente, pérfido gigante! ¡Hoy pagarás por tus agravios!
Era él: el caballero de la Mancha, quien, con lanza de escoba y dignidad de hojalata, emprendía su carga. Incrédulo, el molino reemprendió la carrera con más torpeza que viento.
El público reía y los niños vitoreaban tan rocambolesca escena.
Al cruzar la meta, el hidalgo proclamó:
—¡Victoria! ¡El monstruo ha sido derrotado!
El molino, exhausto y confundido, replicó:
—¿Derrotado? ¡Sí llegué antes!
El hidalgo alargó su mano y, con sonrisa triunfante, dijo:
—¡Cierto! Pero con mi dorsal en una de tus astas.
Y así, una vez más, el caballero de reluciente armadura venció a su enemigo.