Acodado en una recia cayada y libando con afán su palillo, el lugareño contempla divertido el enjambre de corredores que le rebasan peligrosamente.
Ya sin poder contener su chanza les espeta con sorna:
-¿Pero de quién huis?
Un corredor detiene su trote por un segundo y le responde:
-De nosotros mismos.