CorrÃa con elegancia, a zancada rÃtmica, firme y segura su postura de atleta, y con una simpática sonrisa en los labios, signo evidente de su felicidad, ufano de su participación en la carrera popular de la ya tan famosa San Silvestre Salmantina. En medio de la ingente multitud de corredores, lo reconocimos enseguida. Alto, fuerte, recién afeitado, bien parecido, frente ancha y pelo negro, limpio, brillante y muy arreglado. Nada más verlo, recordamos su lema preferido, constantemente predicado, rigurosamente vivido, que lleva grabado en el corazón:»El ejemplo es lo que vale, lo que edifica, lo que anima, lo que evangeliza de verdad». Desde lejos, nos vio y nos saludó muy amablemente. Era nuestro obispo.