Acabáis de llegar. Tus primos corren en la carrera, y vas con ellos. De haberlo sabido, te habrías puesto el chándal. Bueno, estos vaqueros son cómodos, y los zapatos, también.
Oyes una conmoción y te mueves dentro de un río de niños como tú. Tus primos van lento, les haces señas de adelantarte. Parecen recriminar. No te importa. Estás en tu elemento. Siempre lo olvidas: esto es algo que de verdad se te da bien. Te extraña que a otros les cueste tanto hacer algo tan fácil.
Ya sois pocos chicos y vais en serio. Uno de ellos parece tu igual. Te cuesta ganarle. Has cruzado la meta el primero. Sudas. Te rodean personas a las que no entiendes. Preguntan por tu dorsal, les dices que no te has apuntado. Se miran rascándose la cabeza.
— Se te da bien —dice un señor—. No olvides inscribirte el año que viene.