27 DE DICIEMBRE DE 2026

Revisó el paquete de tabaco y comprobó que sólo le quedaba un cigarrillo. Se lo fumaría después de ganar al día siguiente la San Silvestre Salmantina, una cuenta pendiente desde hacía treinta y ocho ediciones. Sí, era el participante más fiel a la carrera, pasando por todas las categorías, y a sus 69 años aún conservaba esperanzas y energías para conseguirlo. Se veía con posibilidades.
Los colegas le preguntaban cómo un fumador empedernido terminaba la prueba cada año. Su respuesta era concluyente: sólo las ganas de correr, aunque fuera con los pulmones negros. Pero le faltaba vencer. A su esposa le hizo una promesa: el 31 de diciembre daría la última calada. De hecho, tenía comprados los parches de nicotina y había dejado un hueco en el aparador para el trofeo. A punto de alcanzar la meta, alejado de la victoria, pensó en dónde había escondido otra cajetilla.