Desde el puente romano el paisaje salmantino arrebata la vista, y allá le crecen las torres de las catedrales señalando el cielo. Con ella, tantas veces soñamos estar aquÃ, tanto lo deseamos y entrenamos, que como un sueño, sÃ, como un milagro, el dÃa llegó. ¡Hoy es ese dÃa!. Ahora cruzando este milenario puente, entre miles de entusiastas atletas, a ella no la veo; se ha perdido en la multitud, en el paso estrecho al cruzar el Tormes. Discurrimos como las aguas del rÃo hacia un destino final; las piernas avanzan con su ritmo, con su fuerza, parecen correr por su propia voluntad. Avanzamos…avanzamos… San Silvestre Salmantino ya próximos a lograr. En la riada de camisetas de colores que se mueve hacia la meta, con bullicio y entusiasmo por llegar, ella aparece…, nos miramos, nos reÃmos…, y con un alegre abrazo, felices, festejamos el final.