La San Silvestre Salmantina no era solo una carrera para Pedro; era su manera de cerrar el año con fuerza. Rodeado de corredores de todas las edades, cada paso se sentÃa como un eco de los desafÃos que habÃa superado. El frÃo se mezclaba con la calidez de las risas y las voces de ánimo de la multitud en las calles de Salamanca.
Faltando apenas unos metros, el cansancio quiso detenerlo, pero escuchó la voz de su hijo entre la multitud: «Â¡Vamos, papá!». Esa chispa fue suficiente. Con el último esfuerzo, cruzó la meta con los brazos alzados, y, en ese instante, entendió que no corrÃa solo por él. CorrÃa por todo lo que amaba, y la meta era apenas el comienzo de todo lo que le quedaba por lograr.