El último suspiro
Cada 31 de diciembre, la ciudad de Salamanca se transformaba. Las calles adoquinadas, bañadas en una neblina frÃa, se llenaban de corredores ansiosos por la San Silvestre. Marta, con su dorsal número 136, apretaba los cordones de sus zapatillas. HabÃa corrido esta carrera por veinte años, pero este año era diferente. A sus 65 años, el diagnóstico de su corazón frágil flotaba en su mente como una nube negra.
El disparo de salida resonó y los corredores avanzaron. Marta sentÃa el viento helado en su rostro, el eco de la multitud alentando desde las aceras. A mitad del recorrido, sus piernas se aflojaron, pero no se detuvo. “Solo un kilómetro másâ€, se dijo.
Al cruzar la meta, una lágrima solitaria recorrió su mejilla. SabÃa que era su última carrera, pero también la más hermosa.