Espero el momento de comenzar la carrera, en el que tras una década, vuelva a pisar las empedradas calles doradas. Hay quien ha querido que desistiera de ello, haciéndome ver que las cosas no son como antes. Algunos me recuerdan que es complicado. Pero ahora, a estas alturas, ya nada me detiene. Me he vestido a conjunto con los colores que ella ha elegido, arrastrándolos a mi lado, como si entendiera de colores. Y he obviado, como he aprendido a hacer en los últimos años, cualquier tipo de comentarios y habladurÃas. Las calles empedradas traspasan mis zapatillas a cada paso. El aire me acaricia. Hasta la lluvia, que parecÃa ausente, quiere acompañarnos. Siento con orgullo la meta por el tumulto que nos grita y nos aplaude, a mà y a mi compañera. Alguien comenta que el color de los corredores se pierde entre el arco iris que nos envuelve.