Nada tenÃa por perder y mucho por ganar, de modo que ya largaba ganador. Sin embargo en los primeros diez segundos lo pasaron la mitad de los competidores, en la primera hora, el noventa y cinco por ciento estaba por delante de él. No le importó que al llegar a la meta ya fuera de noche. Salamanca lo premió con una ovación de pie, el premio al último. Con la respiración entrecortada recordó que la parábola no cuenta con singular. Acá no hay últimos que serán primeros. Acá el último es eso pero el orgullo de serlo tampoco se comparte.