Un dÃa despiertas, y todo es diferente.
Te despiertas ansiosa por correr de nuevo la San Silvestre Salmantina, pensando, «este año lo consigo».
En ese momento, un escalofrÃo recorre tu cuerpo, y escuchas esa melodÃa de móvil que tanto te gusta, pero no te agrada.
Miras el móvil y ves ese número larguÃsimo, sÃ, es el hospital.
Te confirman la fatÃdica noticia, tú hijo tiene Fibrosis QuÃstica. Te derrumbes, pero haces un gran esfuerzo, corres, y te vuelves a derrumbar.
Correr es tu mejor medicina, liberas cuerpo y mente, pero se te hace muy complicado compaginarlo con las continuas visitas al hospital. Pero lo haces.
Año tras año, sacas fuerzas para correr esa carrera que tan malos recuerdos trasladan a tu mente, siempre pensando «tú respiras sin pensar, él sólo piensa en respirar».
Nunca pensé que, justo antes de la carrera de 2016, le darÃa el último «beso salado».