EL ÚLTIMO KILÓMETRO
¡Hasta San Silvestre habÃa cruzado ya la lÃnea de meta!, pero él, que llevaba muchÃsimos años sin participar en una carrera, enfilaba aún los últimos metros.
SentÃa las voces de ánimo y los aplausos admirables mientras sus piernas flojeaban y el aliento se le cuajaba en los pulmones. Se acordó otra vez de Julia, que habrÃa terminado hacÃa más de media hora. La buscaba entre el público clamoroso, tratando de no perder el paso y seguir adelante.
Ahora no era como entonces, cuando de joven habÃa competido con buenas marcas en cientos de carreras. Entrenaba a diario y se dejaba la piel en los caminos y en las pistas de atletismo: cuestas, series, kilómetros y kilómetros a la vista.
─¡Vamos, abuelo!
Se le erizaron los poros, y sus ochenta años se convirtieron en veinte al distinguir, ya enmarcada en el chándal, la cara emocionada y alegre de su nieta.