La última chaladura del abuelo trae a toda la familia de cabeza. Pese a su edad y a sus achaques, se ha empeñado en correr la San Silvestre. Dice que ya ha escrito varios libros, tiene seis hijos y los tres almendros de la huerta están ahà gracias a él. Afirma que La Sansil es su asignatura pendiente. Enfundado en unas mallas que no se ajustan a sus piernas escuálidas, se dirige a la salida sin soltar el bastón. Al principio se queda atrás, pero su cabezonerÃa le da fuerzas y logra arrancar; en Puente Sánchez Fabrés su pelo canoso va tomando color, al enfilar la Cuesta de Oviedo su piel se va tersando. Llega al paseo de San Antonio gateando, “gu-gu ta-ta†balbucea feliz al alcanzar la meta.