27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me apuntó a la carrera un amigo y no se me ocurrió preguntarle a qué hora comenzaba, pero sabía que era la última del año y supuse que debía terminar antes de las doce de la noche.
Me preparé para correr la prueba y caminé en dirección a la salida cuando todos se preparaban para dar la bienvenida al año nuevo.
Cuando llegué al Paseo de San Antonio solo estaba ella con un gorrito rojo y una botella de cava esperando a alguien que no había llegado.
No hubo otro avituallamiento salvo ese espumoso, ni un trofeo mejor que su beso al último clasificado.