>, aulló el jefe de redacción como si la luna corriera hacia a nosotros a la velocidad de la luz.
Salamanca. Corre el año de 1984. Hombres y mujeres vuelan sobre el asfalto. Yo escribo, tan rápido como puedo; pero sus piernas son ligeras y mis dedos torpes. Rápidos sus gestos, sudados horizontes inalcanzables, asimétricos cuerpos en movimiento. Cuento zapatillas, dorsales, cabellos galopantes. Experimento la soledad del corredor de fondo. Nadie entrevistará al ganador de los perdedores, pienso. Me dirijo al último clasificado u hombre sin aliento. Parece que sonrÃe pero sólo lo parece. El próximo año, dice, no me dejaré perder.