27 DE DICIEMBRE DE 2026

Al final de la última recta, mientras tomo aire por la boca, le veo, justo detrás de la meta. Avanzo los últimos metros, me impulsa el sonido de aplausos y gritos, el deseo de lanzarme a sus brazos. Yo misma me sorprendo de la intensidad con la que aprieto mis labios sobre los suyos, de la fuerza de mis brazos delgados alrededor de su cuerpo. Huele a aire fresco, a los árboles de la ciudad y más cerca, a su pelo. Cualquier dolor queda atrás, y en el centro del mundo está el beso.