Diciembre siempre fue un mes largo para ella, lleno de cenas y brindis con aquellos que regresan a casa por Navidad.
Después de la carrera brindarÃan también, pero en ese momento estaba sola. Y es que no distinguÃa, entre la aglomeración de corredores, ninguna cara conocida.
Le pesaban demasiado las piernas y además un poco el alma, deseaba terminar el recorrido pero durante unos minutos no se creyó capaz. Hasta que levantó la cabeza y los vio. Allà estaban, sus compañeros de viaje y de vida, vestidos con un disfraz del año anterior, esperando para llevarla de la mano hasta donde quisiera llegar.
Respiró hondo y, todavÃa sin alcanzar a ver el final, comprendió que con ellos llegarÃa a la meta por muy lejos que estuviera. Y ella también sonrió.