Aunque mi corazón danzaba al son del reguetón, no parecÃa que las piernas fueran a seguirme el ritmo. Mientras realizaba estiramientos, a mi lado, un Bob Esponja cutre y algo estrábico hacÃa pompas de jabón entre risas chirriantes. De otra parte, unos piratas en su barco superaban la barrera del sonido con su ron, ron, ron, la botella de ron. Más lejos, una vaca parecÃa señalarme con las ubres y decir: tengo mala leche; junto a ella, una desteñida Peppa Pig gruñÃa al cielo a lo Heavy Metal. A pocos pasos, el Joker bailaba desacompasado mientras trataba de recolocarse el dorsal. Al fin sonó el disparo y todos nos pusimos en marcha. Apenas comenzaba la carrera y ya sudaba, pero es que nunca antes Lucifer y su tridente habÃan seguido tan de cerca a la princesa Elsa de Frozen por el Paseo de San Antonio.