De camino al Cajón 3, bajando por Honduras, fantaseaba, decidido a no limitar sus retos, sino a retar sus lÃmites. A la altura de Poeta Iglesias, superado por el grueso de los corredores, resistÃa, persuadido de que la esperanza es el sueño del hombre despierto. En la Rúa Antigua, sintiéndose lastrado por el peso de las piernas, se aferraba a la idea de una fuerza más poderosa que el vapor, la electricidad o la energÃa atómica: la propia voluntad. Llegando al Paseo Carmelitas, un ligero mareo le obligaba a buscar auxilio de nuevo: dejar de intentar algo es estar más cerca del fracaso que del éxito. Enfilando, sin aliento, el Paseo de San Antonio, asomaba a su corazón un titubeo, y dudó sobre la conveniencia de disfrutar del camino y no de la meta. Terminó el penúltimo. Al dÃa siguiente cerró su cuenta de Twitter, y comenzó a entrenar.