Una suave brisa acompaña mis movimientos. Paladeo libertad y orgullo, a grandes zancadas. El gemelo izquierdo parece resentirse pero, a pesar de la molestia, estoy determinado a acabar la carrera. Recuerdo cuando llegué, hace seis años, desorientado y con temor, a esta ciudad. En los comienzos, recibà algún rechazo y me sentà arrinconado, como un trasto inútil. Mis rasgos orientales y mi escaso conocimiento del español, en aquellos tiempos, alimentaban dicho aislamiento.
Hoy, en la San Silvestre, quisiera demostrar que soy un salmantino más. Que “El chino†es un japonés de origen completamente enamorado de la arquitectura, la gastronomÃa y hasta de la crudeza del invierno castellano.
El dolor aumenta. Está claro que es una rotura fibrilar. A falta de dos kilómetros, me veo obligado a retirarme. Espontáneamente, el público me aplaude y vitorea. Yo, feliz, sonrÃo y saludo. He ganado mi propia carrera.