Hasta hace tres años, yo era el gordo: personaje orondo receptor de collejas y objeto permanente de burlas. Apuntarme a la carrera habÃa sido una temeridad y la noticia corrió como la pólvora.
No faltaba nadie del instituto, ahà estaban todos, agazapados en la esquina del bulevar donde vivo; para reÃrse del gordo. Salà en tromba, me puse el primero y crucé la esquina en cabeza. Atónitos, ojipláticos, ovacionaron con una monumental algarabÃa mi paso triunfal. Aguanté agónicamente unos pocos metros más y justo delante de mi casa, me escabullà entre el público. No llegué al portal. Mi corazón se enfureció tanto con la broma que me arrojó al suelo, desde donde me llevaron al hospital.
Decidió perdonarme, transformarme; hoy corro para él. Intercambio sonrisas con mis rivales; los comentarios jocosos son hoy de respeto y admiración. Soy el gran favorito en la categorÃa cadete de la San Silvestre Salmantina.