27 DE DICIEMBRE DE 2026

Hoy he sido capaz de usar de nuevo aquel cordón, aquel que un diciembre, a mis nueve años, mi abuelo volvió mágico. De rodillas frente a mí, a modo de legado, enhebró su cordón en mi zapatilla y, entonces, rodeados de ovnis y barcos pirata, de pelucas y disfraces, de retos y promesas, corrimos de la mano para no perdernos. Sudor y magia se mezclaban con el eco de nuestras suelas por todo Salamanca.
Hoy, su recuerdo me ha pedido a gritos que desapolillara aquel cordón y, para mi sorpresa he descubierto, que lo menos mágico de aquel diciembre era el cordón.