Le llamó la atención el cartel, un cordón blanco anunciando la “San Silvestre Salmantina†a celebrar el último domingo del año, y pensó que estaba harto de estar casi siempre en casa por culpa de la pandemia, y decidió que este año participarÃa aunque su movilidad se estaba viendo reducida considerablemente por aquel maldito Parkinson que lentamente avanzaba, arrebatándole sin pausa su ya disminuida independencia. SabÃa que podÃa caerse, pero necesitaba respirar aire puro aunque tuviera que ponerse aquella incómoda e insufrible mascarilla. Y asà lo hizo. Ese domingo, se ató más de diez veces las zapatillas, hizo los ejercicios de precalentamiento y avanzó hacia la meta, que cada segundo que pasaba le parecÃa más lejana, pues iba arrastrando prácticamente las piernas, aquellas piernas que bien sabÃan que estaban ya realizando, antes de quedarse ralentizadas para siempre, su última carrera, su primera y última “San Silvestre Salmantinaâ€