27 DE DICIEMBRE DE 2026

El corredor

Las gradas repletas y el sudor como manantial humedeciéndome el cuerpo. Casi era un veterano del atletismo. Los cien metros, los mil, las carreras con relevo… no debían preocuparme. Sin embargo, el cosquilleo en el estómago permanecía, mis ojos buscaban el punto en el cielo desde donde Zeus observaba con ceño fruncido. Andrea también me miraba alegre e inquieta desde el gentío aunque no la viese. Ella prefería permanecer en el anonimato a ser víctima de los ataques periodísticos, acostumbrados a hurgar en la intimidad de las parejas. El nerviosismo crecía a cada segundo, aunque conocía mi objetivo: correr, correr, correr por la pista con las piernas ligeras y los movimientos precisos, el torso hacia delante. Los consejos del entrenador resonaron al inicio de la carrera, en ese instante divisé a mi Andrea: estaba al final de la pista, esperándome con los brazos abiertos.