Al inscribirse, todas las cejas dibujaron un arco de medio punto: ¡ciento cinco años!
El 29 de diciembre, las apuestas sobre si aquel anciano cubrirÃa los diez mil metros estaban en boca de todos. Muchos pensaban que ni aparecerÃa, pero acudió.
Tejidos sintéticos de alto rendimiento, tecnologÃa de compresión en brazos, rodillera izquierda y, perplejidad absoluta, ¡iba descalzo! Ante esta situación, los organizadores no sabÃan qué hacer. Se acercó un sanitario. Demasiado tarde para impedirle correr. El hombre gozaba de buena salud y, además, acompañaba un certificado médico expedido el dÃa antes. Hubo dudas, pero finalmente salió desde el cajón tres.
Un guepardo centenario recorrió las calles salmantinas. En el primer control, su chip deshizo prejuicios. Sus pies apenas rozaban el duro asfalto. Volaba entre incrédulos dorsales. Cuando cruzó la meta, en veintiséis minutos, no sólo pulverizó tiempos, sino la credibilidad del mundo entero. HabÃa nacido una estrella.