El accidente no me mató, pero me quitó las ganas de vivir. Cuando desperté en el hospital, dos semanas después del choque con aquel camión, no recordaba nada. Y cuando me và sin brazos quise con todas mis fuerzas que todo fuera un mal sueño. Los médicos me decÃan que habÃa tenido suerte de no haber muerto, yo no lo veÃa asÃ. InsistÃan en que con rehabilitación y mucho esfuerzo podrÃa llegar a tener una vida normal. ¿Una vida normal? ¿Acaso un manco podÃa tener una vida normal? Fue en esos momentos de negación cuando conocà a Mar. Una enfermera encargada de llevar mi rehabilitación, que me hizo ver que no tenÃa brazos, pero sà piernas y vida, y no necesitaba nada más para conseguir lo que quisiera. Cuando me inscribió un año después para correr la San Silvestre creà que bromeaba. Al llegar a la meta me abrazó. Normal.