Siempre te gustó correr. Casi no sabÃas hablar y ya te recuerdo correteando, detrás de algún gorrión o una pelota, por el patio de casa. Destacaste pronto en Educación FÃsica. Y con el club de atletismo, siempre de los primeros: el campeonato regional cadete, la preselección para los 10000m nacionales. CorrÃas, y sobre todo perseverabas. La lesión de rodilla no te paró: seguiste avanzando, madurando, seguiste corriendo. A pesar de que los mejores tiempos ya hubieran quedado atrás. Igual que me quedé yo tras la puerta, después de la discusión desde la que me retiraste la palabra: siempre te gustó correr, realmente eras libre de buscar otros horizontes. Hasta tu silencio podÃa perdonártelo. Pero esto no, hijo, esto sà que no puedo. Que no hayas llegado a la meta de un maldito paso de cebra. Que ese camión haya dejado tu zancada incompleta ya para siempre, en medio del asfalto.