El aire frÃo de diciembre apenas lograba calmar la excitación que sentà al comenzar la carrera. A mi alrededor, el bullicio de los corredores me envolvÃa, todos estábamos alineados, esperando el disparo de salida. Desde el inicio, me lancé a toda velocidad, sintiendo el pavimento bajo mis pies mientras el viento me golpeaba la cara. Mi corazón latÃa con fuerza, empujado por la emoción y el esfuerzo.
Mis músculos ardÃan, pero la emoción era mayor. No me importaba el cansancio, lo único que tenÃa en mente era seguir adelante, más rápido, porque en algún lugar de la multitud habÃa visto a mi padre. Lo habÃa olido antes de verlo, y ahora todo mi ser se concentraba en alcanzarlo. El bullicio, las risas, los gritos animando… todo lo impulsaba. Finalmente, allà estaba, mi padre. Lo alcancé con una explosión de alegrÃa.
Y entonces, movà la cola.