27 DE DICIEMBRE DE 2026

El muro era infranqueable y la concertina que lo coronaba insuperable. Aquel campo de concentración se había llevado por delante las ansias de libertad de muchos compañeros de cautiverio quienes, desesperados, habían tratado de escapar.
Recuerdo a un muchacho que corría por el interior del recinto cada mañana. Con la naturaleza como adversaria los tendones sufrían bajo la piel, los músculos se manifestaban con desgarros silenciosos y las ampollas pasaban a convertirse en la menor de sus preocupaciones. Corría sin cesar, espantando el dolor a cada zancada.
Una tarde desapareció sin decir adiós. Probablemente rumbo a la chimenea donde la las llamas darían buena cuenta de su cuerpo hasta convertirlo en cenizas. Más adelante, nos enteramos de que logró fugarse.

Años más tarde, disfrutaba de la lectura de un periódico deportivo donde logré identificar una fotografía. Indiscutiblemente era él… el joven corredor, había ganado la San Silvestre Salmantina.